martes, 29 de junio de 2010

SARAMAGO


laopinióndemurcia.es
Opinion Mi picoesquina


José Saramago




Ante la puerta de su casa en Lanzarote me asaltó la duda de si sería procedente irrumpir, sin más, en su domicilio, violando su intimidad

DIEGO JIMÉNEZ

La bella isla canaria de Lanzarote posee un sugerente paisaje, modelado en parte por las erupciones volcánicas registradas de 1730 a 1736 (la última, en 1824) que han dado carta de naturaleza al Parque Nacional de Timanfaya. Empero, sus habitantes han luchado por mantener el legado del artista local César Manrique, cuya Fundación se empeña en que la presión turística no desvirtúe el incansable esfuerzo que éste desplegó a lo largo de su vida por preservar las señas de identidad de una de las islas más atractivas del archipiélago canario. A partir de ahora, además, Lanzarote va a llevar asociado a su nombre el de José Saramago, recientemente fallecido. Allí recaló el premio Nobel de Literatura de 1998 después de su autoexilio de Portugal por los problemas habidos tras la publicación de su novela El Evangelio según Jesucristo.

Saramago fue un escritor autodidacta, de origen humilde, que, tardíamente, decidió usar la pluma para criticar el rumbo errático de una sociedad neoliberal que condenaba a la desaparición a ciertos oficios (los artesanos de La caverna), para aportarnos su peculiar visión de la evolución de la doctrina católica y la figura de Jesús (El Evangelio según Jesucristo) y para denunciar unas estructuras sociales y políticas que condenan al ser humano a la alienación, la insolidaridad, el egoísmo y la lucha por la supervivencia (Ensayo sobre la ceguera). En Ensayo sobre la lucidez, la continuación de esa obra, Saramago nos aporta una fábula centrada en los habitantes de una hipotética ciudad (¿Lisboa?), que advierten las limitaciones de la democracia formal burguesa, por lo que, mediante el voto en blanco, intentan cuestionar el ´estatus quo´ y las ´reglas del juego´ impuestas.

Había leído esas novelas. Por ello, cuando visité la isla en el verano de 2007, tras un vuelo de poco más de dos horas que desde el aeropuerto alicantino de El Altet me condujo a uno de los complejos turísticos que han proliferado en el sur y sureste de la isla, aunque no le conocía personalmente, un impulso me llevó a saludarle. Pensaba hacerlo fugazmente, durante unos minutos, en nombre de algunos amigos suyos de Murcia a los que también conozco y, de paso, tener el privilegio de charlar con él sobre las novelas que arriba reseñé. Lo tenía cerca, a sólo media hora de autobús desde mi hotel, y una mañana me encaminé a la parada de una de las ´guaguas´ para dirigirme al municipio de Tías. No me fue difícil dar con el paradero del escritor. Todo el mundo era consciente allí de que tenían la suerte de contar con un vecino ilustre y, tras unas breves indicaciones, pude localizar la casa de Saramago, A casa, como rezaba en la fachada de la verja que rodeaba su jardín. Una casa amplia, confortable, pero modesta, a pesar de lo que han publicado sus detractores después de su muerte (sonadas han sido las diatribas contra el escritor de medios como L´Osservatore Romano y Libertad Digital). Ante la puerta, me asaltó la duda de si sería procedente irrumpir, sin más, en su domicilio, violando la intimidad del escritor. La prudencia me aconsejó recabar datos sobre su predisposición a recibir visitas inesperadas, aun conociendo que, humilde siempre, en las apariciones públicas en que le había visto se nos mostraba accesible, cálido y humano. Fui a tomar un café a un bar próximo. Y allí me dijeron que no me aconsejaban su visita, pues el escritor se encontraba ´muy malito´. Desistí, pues, de mi intento. Y, muy a mi pesar, dirigí mis pasos a la parada de la guagua que me condujo, de nuevo, a la relajada, pero monótona, vida del hotel.

Después de su muerte, se ha conocido que la temible leucemia ha ido consumiendo lentamente la vida de una de las mentes más lúcidas del siglo XX. Un escritor que usó la bella lengua de Pessoa para transmitirnos en sus parábolas una ácida crítica, con carácter universal, de la sociedad que nos ha tocado vivir. Ahora me arrepiento de no haber sido más osado en aquel verano de 2007.

No hay comentarios: