viernes, 15 de septiembre de 2017

ASÍ "DIALOGA" EL PP. HAY QUE ECHARLOS.


En la noche del pasado 14 de septiembre, convocados por la Plataforma Pro Soterramiento, vecinos y vecinas de los barrios del sur de Murcia se encontraban apostados, un día más,  sobre el paso a nivel de Santiago el Mayor. Desde hace años vienen luchando por que el tren llegue soterrado a la estación de El Carmen, pues las vías constituyen una barrera que separa a aquellos barrios del resto de la ciudad. Tras el anuncio de la llegada del AVE a Murcia, la lucha se ha reactivado. Lo que no se esperaban era la contundente respuesta represiva policial que tuvo lugar esa noche. 


Un vecino exhibe el resultado de las 'caricias' policiales.

Incumplimiento del Convenio 2006

El Ministerio de Fomento, que ha venido incumpliendo sistemáticamente  el acuerdo a tres bandas firmado en 2006 entre ese Ministerio, la Comunidad Autónoma y el Ayuntamiento de Murcia para la llegada del AVE soterrado y la remodelación de la estación de El Carmen, ofrece, como alternativa provisional, la construcción de una vía de acceso del AVE mientras se ejecutan las obras  del soterramiento, para lo cual se están levantando unas vallas, un auténtico muro que queda en algunos casos a menos de un metro de la fachada de algunas viviendas y que corta el acceso a esos barrios del sur desde el centro de la capital.  

Una visita ministerial que no satisfizo a vecinas y vecinos

En la mañana de ese día 14, el ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, que tenía previsto inaugurar un puente en la pedanía de Tiñosa, desistió de hacerlo, ante la presencia vecinal, y sí accedió a reunirse con miembros de la Plataforma Pro Soterramiento, y posteriormente con el presidente regional, López Miras, y con el alcalde de la ciudad, José Ballesta

Sus "promesas" (la llegada del AVE en superficie, en periodo de pruebas en la próxima primavera, mientras se ejecutan las obras del soterramiento hasta la estación de El Carmen) no dejaron satisfechos a los miembros de la Plataforma, que quieren que, mientras se construyen las vías soterradas a cota -8 metros, el AVE se quede en la estación de Beniel, a pocos kilómetros de la ciudad de Murcia, pues la entrada de ese ferrocarril en superficie por una vía provisional a El Carmen, con su catenaria de miles de voltios, supone un peligro para los trabajadores de las obras y para los vecinos y vecinas. 

Contundente represión policial

Las posturas estaban, pues, muy distantes. El  vecindario, harto de falsas promesas y engaños, no se mostraba dispuesto a abandonar las vías, en las que, por segundo día consecutivo, se iba a proceder al corte del tráfico ferroviario. El propio ministro -ante la inamovible postura reivindicativa vecinal de no ceder hasta lograr la paralización de las obras del 'muro'-  ya había advertido por la mañana que cursaría instrucciones a la Delegación del Gobierno para que procediera a despejar las vías, usando todos los medios posibles, para facilitar el tránsito ferroviario. Esas amenazas se concretaron,como se ha dicho arriba,  en la noche del día 14.  Tras la carga policial  las fuerzas del “orden” procedieron a la identificación de personas y, como consecuencia, varias resultaron heridas, algunas trasladadas a centros hospitalarios de la ciudad. 

Con esta contundente acción policial por órdenes directas de  Íñigo de la Serna,el partido al que pertenece, el PP,  mostró con ello su auténtica cara, la que es consustancial a estos supuestos demócratas:  su desprecio al Pueblo y su defensa de los intereses de sus amigos constructores. Es por ello que en Murcia, cada vez más sectores de la población empiezan a pensar que,  POR SALUD DEMOCRÁTICA, HAY QUE ECHARLOS.

martes, 12 de septiembre de 2017

SEQUÍA Y OTROS MODELOS AGRÍCOLAS


http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2017/09/12/modelos-agricolas/859130.html



El actual ciclo de sequía  de los últimos años y que se ha agravado este verano es más que preocupante. En la Región de Murcia, las últimas lluvias, abundantes en el sur y centro de la misma, no han llegado a la zona de los embalses de la cuenca del Segura. El pasado día 12 de agosto envié a LA OPINIÓN un par de fotografías (una de las cuales reprodujo el periódico días después) del embalse de la Fuensanta, en Yeste, bajo mínimos. A fecha 10 de ese mes, según datos de la web www.embalses.net,  ese pantano de la Fuensanta, con 210 hm3 de capacidad, estaba al 7,3 %. Y no era mejor la situación del otro gran embalse de la Cuenca del Segura, el Cenajo. Con una capacidad de 437 hm3, sus reservas estaban en 68 hm3, es decir, al 15,57. 

Con fecha 5 de septiembre, la situación no había mejorado, sino todo lo contrario. Unos datos de esa web nos dan idea de la gravedad de la situación. La cuenca del Segura, con una capacidad total de embalse de 1.141 hm3, almacenaba el pasado día 5 de septiembre 195 hm3 (17,09 %),  cuando en la misma semana del año anterior el agua embalsada totalizaba los 307 hm3.  El porcentaje en algunos embalses significativos de la cuenca era el que sigue: Talave, 22,85%; Cenajo, 9,38%; La Fuensanta, 6,6%...

Y para quienes, pese a todo, siguen reclamando los caudales del Tajo, la situación no es mejor en dicha cuenca. Con una capacidad de embalse de hasta 11.012 hm3, los pantanos estaban a finales de agosto al 42,51. Y lo más preocupante: los que nos han de ceder agua a la cuenca del Segura, Entrepeñas y Buendía, almacenaban en esa fecha 87 y 169 hm3, esto es, el 2,72% y el 10,31%, respectivamente, de su capacidad total. 

Con estos datos, y teniendo en cuenta el alto coste del agua desalada, la situación, no sólo para los regadíos, es más que preocupante. Pese a ello, las demandas de agua del Sindicato Central de Regantes del Acueducto Tajo-Segura (SCRATS) y las de la principal asociación de agroexportadores no cesan. Con fecha 2 de agosto, Juan Marín, presidente de Proexport, ya advertía de que podemos tener graves problemas de riego en septiembre si no se reciben aportaciones del Trasvase Tajo-Segura (hoy, imposible) y de las desaladoras de Torrevieja y de Valdelentisco, por lo que se interesaba por la apertura de nuevas baterías de pozos y por el estado de los del Campo de Cartagena. O sea, un recurso extremo a los caudales subterráneos. Los mismos recursos del subsuelo que –a tenor del informe La trama del agua en la cuenca del Segura, diez años después’, presentado hace unos días en Toledo por el responsable de la campaña de Aguas de Greenpeace, Julio Barea, y por el hidrogeólogo Francisco Turrión-  fueron puestos en cuestión, con algo más que discrepancias hacia los autores de dicho informe, por el actual consejero de Agricultura y Agua, Francisco Jódar.
Hay que insistir en ello y decirlo claramente: el actual modelo murciano de agricultura intensiva destinado a la exportación es claramente insostenible. La extrema situación de sequía que padecemos no impide, sin embargo, que el negocio vaya bien para unos pocos. A título de ejemplo, Proexport informa en su página web que la lechuga será el ‘producto estrella’ en ‘Fruit Attraction’ 2017, certamen que reunirá el 18 de octubre en Madrid a las empresas vinculadas a la lechuga y verduras de hoja, en Ifema. (Hay que saber que la Región de Murcia comercializa hasta a 53 países el 71% de la producción nacional de lechuga, con Alemania y Francia como zonas preferentes de destino). Y aunque el volumen de las exportaciones se redujo un 1,9% en 2015, se incrementó el valor de las mismas en un 3,9%, gracias a la ligera mejoría de los precios. 

En este contexto, la persistente demanda de agua, a cualquier precio, esconde otro dato: los regadíos crecen y crecen.  La ampliación, a todas luces insostenible, del perímetro regable es perceptible incluso en zonas tradicionalmente de secano, como en el Noroeste murciano. Un informe de la Comunidad de Regantes del Campo de Cartagena justifica ese incremento en el descenso de productividad de los secanos. Pero la ampliación del perímetro regable no hace sino agravar los problemas asociados a la escasez de agua. Según la Encuesta de 2016 de superficies y rendimientos de cultivos del Ministerio de Agricultura (ESYRCE), de 2010 a ese año el regadío se incrementó en la Región un 14,33%, con un total de 181.469 ha de tierras puestas en riego. El negocio, pues, va bien, pero no para todos. El pasado mes de mayo la prensa nos ponía al corriente de la rebelión laboral protagonizada en el campo murciano por inmigrantes con sueldos de 5,5 €/hora y que, según denunciaban, pese a trabajar 28 días sólo cotizaban por ellos/as unos 13 días. 

No me entiendan mal: con estas líneas no estoy atacando a la agricultura, sino a unos usos agrícolas hoy insostenibles. Porque hay otros modelos, más adaptados a nuestra realidad de Región semiárida: la potenciación de los secanos (en zonas como el Campo de San Juan y el Calar de la Santa, se han puesto en cultivo centenares  de hectáreas de plantas aromáticas, como espliego, salvia, lavandín…) y el impulso a una agricultura ecológica, que tiene un notable nicho de mercado en el exterior. Y todo en un marco de una adecuada gestión de la demanda de un recurso a todas luces cada vez más escaso: el agua.

viernes, 18 de agosto de 2017

EL CANTÓN MURCIANO

https://www.infolibre.es/noticias/verano_libre/2017/08/10/rebelion_cantonal_68459_1621.html

DETRÁS DE LA HISTORIA

La rebelión cantonal, el movimiento que precipitó la caída de la I República

  • La proclamación del cantón de Cartagena generó tensiones que socavaron la capacidad del Gobierno para frenar el golpe de Estado que acabaría con la República federal
  • Este agosto infoLibre recupera personajes y acontecimientos que, desde la sombra, han marcado la historia de España

Publicada 10/08/2017 a las 06:00Actualizada 09/08/2017 a las 19:54  
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Caricatura que muestra a Pi y Margall (centro) desbordado por el federalismo (1873).
Caricatura que muestra a Pi y Margall (centro) desbordado por el federalismo (1873). 
Revista 'La Flaca'
El día 12 de julio de 1873, unos 30 hombres entran en la guarnición militar de Cartagena para proclamar el cantón de Murcia. Daba así comienzo lo que ha pasado a la historia con el nombre de "rebelión cantonal". La revuelta se producía meses después de la proclamación de la Primera República española, el 11 de febrero de 1873, tras la abdicación ese mismo día del rey Amadeo de Saboya. El Gobierno de la República federal fue incapaz de resolver el conflicto con el cantón ni política ni militarmente, lo que lo haría vulnerable al golpe de Estado que acabó con la República.

Las cortes españolas de este periodo estaban fragmentadas, aunque hubo bastante apoyo parlamentario a la proclamación de la República. Sin embargo, pronto empezarían los problemas: un sector de las cortes, los denominados "intransigentes" o "radicales" exigían un modelo de República federal, y querían implantarlo desde abajo hacia arriba, es decir, proclamando primero los distintos cantones o "Estados" —con un modelo similar al estadounidense—, para posteriormente redactar una Constitución.

Esta falta de acuerdo entre los parlamentarios que querían construir la República "desde abajo" y el Gobierno, liderado en ese momento por Francisco Pi y Margall, llevaría al conflicto armado entre ambas facciones. Inicialmente hubo revueltas en pueblos de Andalucía, pero la verdadera rebelión comenzaría en Cartagena.

Estaba previsto que ese mismo día 12 de julio llegaran a la ciudad refuerzos militares leales al Gobierno, así que la revuelta podría haber acabado en ese mismo momento y con un baño de sangre. Pero los rebeldes controlaron rápidamente el fuerte, y poco después, los buques militares establecidos en el puerto de Cartagena empezaron a expresar apoyo a la rebelión, principalmente por las exigencias de los marineros. Desde el fuerte y en los barcos se empezarían a izar banderas totalmente rojas, convertidas en el símbolo del cantón, que rápidamente se extendería por la región. Quedaba constituido el cantón de Murcia.

El intento de expansión

Antonio Gálvez Arce, Antonete para sus contemporáneos, era un diputado murciano muy respetado por los federales que se presentó en la ciudad junto al gobernador civil de la región. Ambos aconsejaron a las autoridades municipales que dimitieran, ya que las calles de la localidad se habían volcado en apoyo a los rebeldes. Así, los partidarios del cantón se hacían con el control de la ciudad, y Gálvez fue nombrado comandante generalde todas las fuerzas militares de Cartagena y líder del cantón de Murcia.
   La respuesta del Gobierno central de Pi y Margall fue militar. Varios generales fueron convocados para atacar a los rebeldes y poner fin a la situación. Los barcos cartageneros fueron declarados "piratas"por el Gobierno central, por lo que cualquier nación podía detenerlos. La respuesta de Gálvez es colocar al frente de las tropas cantonales al general Contreras y nombrar a un líder del cantón de Cartagena, que queda separado del de Murcia, más extenso.

El objetivo de la insurrección en Cartagena no era tanto la "independencia" de la ciudad como que esta era fácilmente defendible una vez tomada, y estaba en una posición estratégica ideal para extender el cantonalismo. Cuando el control de la ciudad fue total, los barcos atracados zarparon hacia Alicante para apoyar a los rebeldes cantonales de allí. Uno de ellos, el buque Vitoria, fue detenido como "pirata" por un almirante alemán frente al puerto de Cartagena, por lo que el apoyo a Alicante no se produjo como los cantonalistas querían.

Entretanto, la situación es imposible de controlar para el Gobierno central, lo que fuerza la salida de Pi y Margall y la llegada de Nicolás Salmerón a la presidencia. Este es uno de los elementos más característicos de la Primera República española: la corta duración de sus gobiernos a causa del caos político y el clima de violencia y revueltas, y la incapacidad de los gobernantes para atajar estos problemas. Decenas de localidades se habían declarado independientes en el convulso 1873: Cádiz, Málaga, Motril, Tarifa o Valencia, entre otras. Sin embargo, la mayoría de esos cantones fueron disueltos a los pocos días de su proclamación.

Las fuerzas cartageneras intentaron extender la insurreccióny fortalecer su posición. Aparte de su intento de apoyo a los cantonalistas de Alicante, el 5 de agosto 2.500 efectivos se dirigen a Hellín y posteriormente a Chinchilla (ambas localidades en Albacete), para tratar de exigir su adhesión a la causa cantonal y bloquear el ferrocarril. Pero el general Martínez Campos (en esos momentos leal al Gobierno, pero que es conocido por poner fin a la República poco después) y el general Salcedo les salieron al paso y acabaron con los efectivos cantonales. Martínez Campos avanzó hacia la ciudad de Murcia y el cantón murciano quedaba extinguido en cuestión de días. Solo quedaba Cartagena.

Asedio y caída

Tras la toma de la ciudad de Murcia, Martínez Campos avanza hasta Cartagena y se encuentra una fortaleza preparada para su llegada, por lo que la rodea y comienza el sitio de la ciudad, que poco después es acompañado de un intento de bloqueo marítimo. El sitio duró meses, y los sitiados intentan en varias ocasiones romperlo con escaso éxito en el mar y nulo en tierra.

La situación se estanca, y el caos en el resto de España está extendido: los carlistas se han rebelado en el norte y en el área de Valencia, que además de las intentonas cantonales cuenta con grupos de obreros reclamando sus derechos con huelgas que pronto se tornan violentas. Los cantones andaluces han sido despuestos, pero la paz aún está lejos. La zona norte de la Península también cuenta con sus propias revueltas en una especie de todos contra todos entre carlistas, tropas gubernamentales y obreros. Con este clima llega a la presidencia del Gobierno Emilio Castelar, que aplicará con más dureza si cabe la política de su antecesor: acallar a los rebeldes con las armas.

Cartagena fue bombardeada día tras día desde el 25 de noviembre, pero los cantonales no se rendían. Lejos del asedio, la posición de Castelar era cada vez más débil: entre los políticos se dudaba de su verdadera lealtad a la idea de República por algunas de sus decisiones, como retomar contactos con el Vaticano. Así, el día 3 de enero Castelar se vio forzado a dimitir, y cuando las Cortes se disponían a elegir a su sucesor (un republicano federal: Eduardo Palanca Asensi), se repitió lo que fue la tónica del siglo XIX español: un golpe militar.
  El general Pavía rodeaba el Congreso e imponía un Gobierno de "concentración" (del que quedaban excluidos los republicanos federales), al frente del que pronto se situaría el general Francisco Serrano. Aunque Alfonso XII no llegaría a España hasta finales de 1874, la República ya había dejado de existir, ya que Serrano impuso una dictadura que 12 meses después concluiría con el regreso de la monarquía borbónica.

El 12 de enero de 1874, las tropas gubernamentales entran en Cartagena a aceptar la rendición de una ciudad que había sufrido 48 días de bombardeo constante. Los cantonales, al recibir la noticia del golpe de Estado de Pavía, de la formación del nuevo gobierno centralista y contrario a la idea de la España federal, y conscientes de que no quedaba ningún otro cantón que les apoyara, se rinden. Concluían así los seis meses de vida del cantón de Cartagena, y menos de un año después acababa la Primera República española.